En una esquina transitada de Núñez, donde la ciudad cambió de escala y los edificios modernos ganaron terreno, sobrevive una construcción que parece haberse detenido en el tiempo. Con más de un siglo de historia, una fachada que combina rasgos de la arquitectura inglesa y de los Países Bajos, y un consultorio médico que permanece prácticamente intacto, la casona levantada en 1925 volvió a ser noticia por un motivo muy distinto al de su valor patrimonial: otra vez bajó de precio en busca de un comprador.
Después de haber salido al mercado cerca de los USD 960.000 y atravesar sucesivas retasaciones, hoy se ofrece por USD 640.000. Sin embargo, encontrar quien la adquiera no resulta sencillo. No se trata únicamente de una vivienda de 349 m2, sino de un inmueble protegido por su valor histórico y arquitectónico, cuya compra implica comprender que detrás de cada ambiente también se conserva parte de la memoria de Buenos Aires.
Quien hoy comercializa la propiedad es Lucas Bonillo, de Bonillo Centro Inmobiliario, quien explicó que la reducción del precio responde al tiempo que lleva publicada. «Durante años estuvo ofrecida en valores más altos. Hoy creemos que el precio refleja mucho mejor la realidad del mercado y el enorme potencial que tiene esta propiedad», señaló.
Una casa que atravesó un siglo
Construida por el arquitecto Mario Sesana sobre un lote de 157 m2, la vivienda demandó cuatro años de obra y conserva buena parte de sus materiales originales. La fachada, las tejas francesas Pierre Sacoman, los vitreaux, las molduras, los postigos de hierro, las carpinterías de madera, los pisos de pinotea y los techos de más de tres metros de altura siguen formando parte de una construcción que logró sobrevivir prácticamente sin alteraciones.

El recorrido comienza con un patio delantero y una imponente puerta de ingreso en doble altura con vitreaux, que conduce a un amplio hall de recepción. Desde allí se distribuyen el living, el comedor, un escritorio, la cocina, siete dormitorios repartidos en tres plantas, terrazas, balcones y un altillo de 40 m2 que completa una superficie total de 349 m2.
Lejos de ser una simple casona antigua, el inmueble fue incorporado al patrimonio histórico, arquitectónico y urbanístico de la Ciudad de Buenos Aires, condición que protege especialmente su fachada y obliga a preservar su identidad.
El médico que dejó una huella en el barrio
Pero la historia de la propiedad trasciende la arquitectura. Durante décadas fue el hogar del pediatra y cirujano infantil Eduardo Mauricio Pereira Ramírez, nacido en 1899 y reconocido por su labor en el Hospital Pirovano.
Además de desempeñarse en ese centro de salud, el médico atendía a muchos de sus pacientes dentro de la propia vivienda, donde instaló un consultorio que aún permanece conservado con su mobiliario original, biblioteca, escritorio y objetos de época.

Ese ambiente constituye hoy uno de los espacios más valiosos de la propiedad porque mantiene intacta la atmósfera en la que el profesional recibió durante años a generaciones de vecinos del barrio.
Tras su fallecimiento, en 1988, la familia decidió preservar ese legado como una forma de mantener viva su memoria.
La carta que lo une con Perón
La trayectoria del doctor Pereira Ramírez también quedó registrada en un documento histórico. En 1955, pocos meses antes de ser derrocado, el entonces presidente Juan Domingo Perón le envió una carta manuscrita en reconocimiento a su labor médica.
En ella escribió: «Me es altamente grato hacerle llegar mi profundo reconocimiento en nombre del pueblo a cuyo servicio deben estar siempre los afanes y el sacrificio de los médicos que son conscientes de su elevada responsabilidad».

La carta todavía forma parte del patrimonio familiar y representa uno de los testimonios más singulares vinculados con la historia de la vivienda.
Una venta diferente
Aunque muchos compradores se interesan por la propiedad, pocos terminan avanzando. Según explicó Bonillo, la condición patrimonial hace que no sea una operación convencional.
«Estamos frente a un inmueble muy especial. La fachada no puede modificarse, pero el interior admite intervenciones respetuosas que permiten adaptarlo a nuevos usos. Eso amplía muchísimo las posibilidades», sostuvo.

El corredor inmobiliario considera que el mayor atractivo está en el potencial comercial e institucional. Explicó: «Por su ubicación en esquina, su presencia arquitectónica y la identidad que transmite, imaginamos perfectamente un restaurante, una cafetería de autor, una sede institucional, un estudio profesional, una galería o un showroom. Tiene una personalidad que hoy resulta muy difícil encontrar en la ciudad».
Incluso mencionó que conceptos gastronómicos que suelen instalarse en casonas históricas podrían encontrar allí un escenario ideal.
Un patrimonio con valor económico
Para la arquitecta Mariana Lucángeli, especialista en Real Estate, el verdadero diferencial de esta propiedad radica en que no compite con una casa tradicional. Analizó: «Este tipo de inmuebles no se valoran únicamente por la superficie o por la cantidad de ambientes. Lo que adquiere el comprador es un activo patrimonial prácticamente irrepetible dentro del mercado porteño».

Según explicó, los elementos originales conservados incrementan el atractivo de la vivienda: «La pinotea, los vitreaux, las carpinterías, las molduras, las tejas originales y la escala de los ambientes representan un capital arquitectónico que sería imposible reproducir hoy con el mismo nivel de detalle».
Para la especialista, el valor histórico también puede transformarse en una ventaja económica cuando el proyecto acompaña esa identidad.
Entre la restauración y los nuevos usos
Las imágenes del interior muestran ambientes luminosos, largos pasillos, escaleras de madera perfectamente conservadas, dormitorios con balcones, pisos originales y una estructura que admite distintos destinos.
Bonillo aseguró que muchas consultas llegan desde desarrolladores o profesionales que imaginan un uso distinto al residencial.

«No necesariamente tiene que convertirse otra vez en una casa familiar. Puede funcionar perfectamente como sede de una empresa, consultorios, un estudio de arquitectura, una academia, una fundación o un espacio gastronómico de categoría. Creemos que ese es el perfil de comprador que terminará encontrándola», resumió.
Para Lucángeli, precisamente allí aparece una de las mayores fortalezas. «Las grandes ciudades están revalorizando edificios con identidad porque ofrecen algo que ninguna construcción nueva puede replicar: autenticidad. Restaurar una casa de estas características no significa congelarla en el tiempo, sino darle un nuevo uso respetando su historia», explicó.
Mucho más que una propiedad
La vivienda atravesó cien años de transformaciones urbanas sin perder su esencia. Vio crecer al barrio, conservó el consultorio de un médico querido por varias generaciones, resguardó una carta enviada por Perón y logró mantener intactos muchos de los materiales con los que fue construida hace un siglo.

Hoy busca un nuevo dueño, aunque no cualquiera. Bonillo resumió: «Hay propiedades que se venden por ubicación, otras por precio y otras por metros cuadrados. Esta necesita un comprador que entienda el valor de la historia que está adquiriendo».
Lucángeli coincidió con esa mirada y dejó una reflexión que sintetiza el significado de la casona. «Buenos Aires perdió muchas de sus grandes residencias históricas. Cada inmueble que logra preservarse representa una oportunidad para mantener viva una parte de la identidad de la ciudad. Cuando una propiedad reúne valor arquitectónico, memoria y potencial de reutilización, deja de ser simplemente una operación inmobiliaria para convertirse en patrimonio con futuro», concluyó.
(*) Con fotos de Bonillo Centro Inmobiliario y familia Pereira Ramírez