La historia de Felipe Aracama comenzó mucho antes de recibir el título de arquitecto. En realidad, nació entre planos, obras y recorridas familiares. Su abuelo abrió una de las primeras inmobiliarias de Monte Grande en la década del 50 y durante los años 70 impulsó desarrollos bajo la modalidad de fideicomiso al costo. Más tarde, su padre fundó Grupo TIM en 1991 y continuó el camino de la construcción y el desarrollo.
Hoy, con 29 años, Aracama representa la tercera generación vinculada al negocio inmobiliario del sur del Gran Buenos Aires (GBA). Desde Canning, donde reside desde hace 15 años, impulsa proyectos junto a su padre y al mismo tiempo amplía el radio de acción hacia Vaca Muerta, Pinamar y Neuquén.
Durante una entrevista en el streaming de Ladrillo.Info por Youtube, con la conducción de Ezequiel Díaz, repasó sus inicios, las oportunidades que detecta en el mercado y una filosofía profesional donde la arquitectura ocupa un lugar central.
Expresó: «Estoy superconvencido de que cuando desarrollamos real estate hay que hacerlo con una impronta arquitectónica y una identidad fuerte».
La tercera generación de una familia del ladrillo
Aracama no tuvo dudas desde chico. Mientras otros soñaban con ser futbolistas o astronautas, él repetía que sería arquitecto. A los cinco años dibujó una casa y su madre conservó aquel primer boceto durante una década.
La pasión por la arquitectura apareció desde muy temprano. Los viajes familiares incluían recorridos por obras y edificios emblemáticos. A los 14 años ya mantenía contacto con el mundo de la construcción y, en 2021, se incorporó formalmente a Grupo TIM.

El ingreso no resultó sencillo. «Tuve que pagar derecho de piso», reconoció. La convivencia laboral con su padre generó discusiones y visiones contrapuestas, algo habitual en las empresas familiares. Sin embargo, con el paso del tiempo ambos lograron encontrar un equilibrio.
«Las cosas cambiaron cuando bajamos el ego y empezamos a escucharnos», resumió. El arquitecto reconoció que la experiencia de incorporarse a una empresa familiar le permitió atravesar en pocos años escenarios opuestos. Pasó de un mercado con mucha actividad a otro mucho más complejo, algo que definió como un verdadero máster profesional. Esa convivencia diaria con su padre y el equipo de Grupo TIM también le permitió introducir una impronta propia vinculada a la arquitectura y al diseño, una tarea que al principio encontró resistencias pero que con el tiempo ganó espacio.
Además, destacó que el vínculo familiar y la pasión compartida por el negocio resultaron claves para atravesar momentos difíciles. «No siempre pensamos igual, pero compartimos valores y una forma de trabajar», sostuvo.
Canning, el fenómeno del sur que todavía tiene tierra para crecer
La familia Aracama apostó por Canning mucho antes del boom actual. A principios de los 90 adquirieron un lote en Saint Thomas y años después impulsaron uno de los primeros condominios de la zona.

«En ese momento preguntaban a quién le iban a vender, porque alrededor había vacas», recordó. Con el paso de los años, la ciudad cambió por completo. El crecimiento residencial derivó en una fuerte expansión comercial y hoy la zona atrae a familias que buscan seguridad, espacios verdes y precios más accesibles que los de Pilar.
Según Aracama, una de las fortalezas de Canning pasa por la disponibilidad de tierra. «Canning tiene una virtud enorme: todavía tiene mucho espacio para construir», sostuvo.
Además, destacó la cercanía con el aeropuerto internacional y el perfil pro inversión de varios municipios del corredor sur. Canning por su auge es conocida como «la Pilar del Sur», en sintonía con el partido ubicado al norte del GBA.
Actualmente trabaja en una galería comercial de 2.500 m2 sobre la Ruta 58. El proyecto, bautizado Rombo, apuesta por una arquitectura diferencial. «Cuando aparece competencia, el que se destaca es el que ofrece una experiencia distinta», explicó.

En ese sentido, comparó a Canning con Pilar y sostuvo que el corredor sur todavía conserva ventajas competitivas. La cercanía con el aeropuerto, la menor congestión vehicular respecto de la Panamericana y los valores más accesibles para muchas familias permiten sostener una dinámica de crecimiento que todavía tiene recorrido. Además, destacó que la disponibilidad de tierra constituye uno de los principales activos de la zona para los próximos años.
También observó un fuerte crecimiento del segmento comercial, con nuevas propuestas gastronómicas, servicios y centros de cercanía que acompañan el desarrollo residencial.
La arquitectura como valor agregado
Para Aracama, el negocio inmobiliario no puede separarse de la arquitectura. Esa visión se refleja en los proyectos desarrollados junto a su padre, donde la creatividad y el criterio comercial buscan convivir.
Uno de los ejemplos es un edificio de 3.000 m2 en Pinamar Norte, con apenas 15 unidades funcionales y una planta baja con espejos de agua y amplios espacios comunes. La obra comenzó en 2022, en uno de los períodos más complejos para la construcción.

«En algunos momentos estuvimos con la soga al cuello, pero respetamos lo que se había vendido», recordó. Aquella experiencia también dejó enseñanzas. Planteó: «Hay que buscar equilibrio entre arquitectura y negocio».
La experiencia en la costa también dejó una huella personal. Durante varios años compartió viajes y jornadas de obra con su padre, una etapa que recuerda como una de las más enriquecedoras. Incluso adelantó que le gustaría volver a desarrollar en Pinamar. «No quiero dejar esa veta a otro desarrollador», sostuvo durante la charla.
Vaca Muerta, una apuesta que arrancó antes del boom
Mientras el fenómeno energético todavía no ocupaba las tapas de los diarios, Grupo TIM ya observaba oportunidades en Neuquén.
En 2019 compró tres hectáreas sobre la ruta principal de Añelo. Hoy ese predio incluye una nave industrial, un complejo con seis canchas de pádel, dos canchas de fútbol y un gimnasio SportClub.
El objetivo apunta mucho más lejos. La capacidad constructiva alcanza los 90.000 m2 y el foco está puesto en viviendas para las empresas petroleras.
«Los contratos son con las compañías y eso resulta muy atractivo para los inversores», explicó.
Aracama destacó que el crecimiento de Vaca Muerta genera un derrame económico que llega a sectores indirectos.
«Yo no vivo del petróleo. Vivo indirectamente del petróleo y eso también es derrame», afirmó.
El avance de la actividad ya se refleja en Neuquén capital, donde la demanda supera ampliamente la oferta. Anticipó: «Estamos buscando tierra porque vemos mucho potencial».
La apuesta por Neuquén nació mucho antes del boom actual. Según explicó, su padre ya observaba el potencial de la zona cuando todavía eran pocos los que hablaban de Vaca Muerta. Años después llegaron las compras de tierra y más tarde los primeros proyectos vinculados con la actividad petrolera.

Actualmente, Grupo TIM analiza nuevas oportunidades tanto en Neuquén capital como en otras localidades vinculadas con el desarrollo energético.
Construir ciudad y no sólo edificios
Uno de los conceptos que más repitió durante la charla tuvo que ver con la dimensión humana del desarrollo. Para Aracama, un desarrollador no solamente construye departamentos. También crea ciudad y deja una marca en el entorno.
La decisión de sumar espacios deportivos en Añelo nació precisamente bajo esa lógica. «Los trabajadores tenían muy pocas alternativas para recrearse. Hoy el club está lleno todo el día», relató.
La misma filosofía aparece en Pinamar, donde incorporó espejos de agua y una relación más estrecha entre arquitectura y naturaleza. Sostuvo: «Aparte del negocio, hay que pensar en la ciudad«.

Además, destacó que muchas veces el desarrollador debe buscar un equilibrio entre rentabilidad y aporte comunitario. Para él, la arquitectura tiene una responsabilidad que va más allá de los números y por eso insiste con una mirada más humanista. «Busquémosle el lado humanista a las cosas», planteó.
Qué espera para el mercado
Consultado sobre los créditos hipotecarios, Aracama mantuvo una postura cautelosa. «No creo que todavía hayan vuelto», manifestó. En cambio, observó una recuperación gradual de las consultas por lotes y un mejor clima de negocios para el segundo semestre.
Respecto del costo de construcción, indicó que una vivienda en Canning ronda entre USD 1.300 y USD 1.400 por m2. «No está caro ni barato. Es lo que vale», afirmó. También consideró que los valores de venta todavía tienen margen para crecer y destacó que las propiedades usadas mostraron un mejor desempeño que los lotes y las unidades nuevas.

La trayectoria familiar, con más de 150.000 m2 desarrollados, representa uno de los principales activos de Grupo TIM. Sin embargo, para Aracama existe otro factor indispensable. «La piedra fundacional del real estate es la confianza. Sin confianza no vamos para adelante», expresó.
Esa premisa explica su decisión de desarrollar una marca personal y mantener un vínculo directo con clientes e inversores. «Me gusta sobreinformar y ser transparente. Prefiero decir toda la verdad», aseguró.
Con proyectos en Canning, Pinamar y Vaca Muerta, el arquitecto busca consolidar el legado familiar y continuar con una expansión gradual, siempre con la arquitectura como eje. Concluyó: «Quiero seguir el legado y hacer muchos metros, pero siempre con crecimiento sostenido».