La próxima edición de Casa FOA ya definió su desembarco en la Ciudad de Buenos Aires con una apuesta que vuelve a cruzar diseño, patrimonio e inversión. En octubre de 2026, la muestra se instalará en el Palacio Molina, un edificio de fuerte impronta industrial en Barracas que formó parte del entramado productivo de Alpargatas y que, tras la exposición, avanzará hacia una reconversión integral con una inversión estimada en USD 100 millones.
La sede elegida se ubica sobre la avenida Regimiento de Patricios, dentro del perímetro que completan Lamadrid, Olavarría y Azara.
Se trata de un punto estratégico dentro del sur porteño, una zona que en los últimos años empezó a consolidar un proceso de regeneración urbana impulsado por desarrollos mixtos y proyectos vinculados a la economía creativa.

La elección del Palacio Molina no resulta aislada. Casa FOA sostiene desde hace años una lógica de ocupación de edificios con valor patrimonial, con el objetivo de reinsertarlos en el mapa urbano y acelerar procesos de valorización. En ese esquema, la muestra funciona como una plataforma que articula visibilidad, circulación de público y validación del activo inmobiliario.
De Alpargatas a un nuevo capitulo de la historia
El edificio remite a uno de los períodos de mayor expansión industrial de la Argentina. En ese predio funcionó la Fábrica Argentina de Alpargatas, fundada en 1885 por Juan Echegaray y Robert Fraser.

el correr del tiempo, el complejo ocupó varias manzanas y se convirtió en uno de los polos fabriles más relevantes del país. En su etapa de mayor desarrollo, llegó a emplear a cerca de 16.000 trabajadores, un volumen que marcó el pulso productivo de Barracas durante décadas.
Desde el punto de vista arquitectónico, el origen de este edificio respondía a una lógica funcional: ladrillo a la vista, una estructura resistente y grandes ventanales.

«Un diseño industrial de fines del siglo XIX inspirado en el Renacimiento italiano que era utilizado para definir la imagen de diversas empresas y que priorizaba la eficiencia por sobre la estética. Sin embargo, con los años, ésta se volvió un valor y la solidez de sus materiales permitió que resistiera el paso del tiempo y que hoy pueda hacer frente a una restauración”, contó Juan Blas Fernández, gerente de Casa FOA.
A lo largo del siglo XX, el complejo incorporó ampliaciones que introdujeron hormigón armado y sistemas modulares. Ese proceso permitió aumentar la capacidad productiva y adaptar los espacios a nuevas tecnologías sin alterar la identidad general del conjunto.
Como será la edición de la exposición en 2026
En ese contexto, Casa FOA ocupará más de 5.700 m2 y desplegará cerca de 35 espacios intervenidos por arquitectos, interioristas, paisajistas y artistas. El recorrido incluirá ambientes residenciales, áreas de bienestar, espacios exteriores y propuestas experimentales vinculadas a materiales y tecnología aplicada al diseño.

Carlos Malbrán, director de Casa FOA, dijo: “Cada edición busca mostrar tendencias y, al mismo tiempo, poner en valor el espacio elegido. En este caso, se trata de un edificio con una identidad muy marcada”.
La arquitecta Catalina Ulloa, parte del equipo que organiza la edición 2026, detalló el enfoque de la muestra: “Cada ambiente será una experiencia de materiales, paletas de color, texturas y soluciones marcadas por la innovación. Las temáticas abarcan cocinas; livings; vestidores y salas de baño; dormitorios para adultos y niños, y playrooms y espacios de wellness. También habrá lugares abiertos con propuestas de paisajismo e instalaciones artísticas”.
Durante varias semanas, el predio recibirá a miles de visitantes, entre profesionales del diseño, desarrolladores, inversores y público general. Ese flujo convierte a la exposición en una herramienta de posicionamiento tanto para el edificio como para el entorno inmediato.

“Ser sede implica poner un foco de luz en el inmueble. Los visitantes no solo recorren las propuestas, también descubren la arquitectura del lugar”, agregó Malbrán.
Qué llega y cómo se refuncionalizará el edificio
El impacto no se limita al evento. La elección del Palacio Molina se vincula con un proceso que comenzó en 2012 con Molina Ciudad, un desarrollo ubicado en la misma traza que marcó uno de los primeros hitos en la transformación del corredor de avenida Patricios. Ese antecedente instaló una lógica de reconversión de estructuras fabriles en proyectos de usos mixtos.

Ahora, el nuevo emprendimiento busca completar esa transformación con un esquema de mayor escala. El proyecto Palacio Molina se desplegará sobre un lote de 12.765 m2 con una superficie total estimada en 58.161 m2. La propuesta articula la recuperación del edificio histórico con nuevas construcciones que integran vivienda, oficinas y espacios comerciales.
El masterplan contempla 26 lofts dentro del inmueble original, junto a 96 unidades adicionales entre lofts y estudios en el entorno inmediato. También suma oficinas de planta libre sobre avenida Patricios y un basamento comercial con un atrio gastronómico pensado como punto de encuentro.
En paralelo, el desarrollo incorpora residencias en altura, cocheras y un paquete de amenities que incluye jardines, espacios verdes con flora autóctona, áreas de uso común, gimnasio, piscina y sectores para eventos. El planteo apunta a consolidar un producto orientado a usos combinados, en línea con las tendencias actuales del mercado inmobiliario.

Fernando Barenboim, CEO de GES Desarrollos, señaló: “Palacio Molina recupera uno de los grandes exponentes de la arquitectura industrial de Buenos Aires y lo integra a una propuesta contemporánea”.
Desde la óptica comercial, el emprendimiento saldrá al mercado con valores de referencia que arrancan en torno a USD 1.650 por m2 para los lofts dentro del edificio histórico. Los locales comerciales se ubican desde USD 2.500 por m2, mientras que las oficinas parten desde USD 2.800 por m2. El esquema de comercialización prevé un anticipo del 30% y saldo financiado en cuotas.
El inicio de obra está previsto para enero de 2027, con una primera etapa que proyecta su entrega hacia fines de 2028. En ese sentido, la exposición de Casa FOA funciona como antesala de ese proceso, con un rol clave en la generación de visibilidad y validación del proyecto.
La estrategia combina dos vectores que hoy ganan peso en el real estate: la puesta en valor del patrimonio y la creación de nuevos distritos urbanos. En ese cruce, Barracas aparece como uno de los focos con mayor potencial dentro de la Ciudad de Buenos Aires, con una dinámica que suma iniciativas públicas y privadas.

Además de su impacto urbano e inmobiliario, la muestra mantiene su perfil solidario. Como en cada edición, se realiza a beneficio de la Fundación Oftalmológica Argentina Jorge Malbrán, que financia a través de este evento sus actividades de investigación, docencia y acción social.
Con más de cuatro décadas de trayectoria, Casa FOA consolidó un formato que excede la exhibición de tendencias. Su paso por distintos edificios funciona como un mecanismo de activación que combina diseño, inversión y recuperación patrimonial. En Barracas, ese modelo vuelve a ponerse en juego con un activo que busca recuperar centralidad dentro del mapa urbano.
Barenboim concluyó: “La idea es volver a darle vida a un lugar que fue clave en la historia productiva de la Ciudad”.