agosto 1, 2026 4:32 pm

«Me robaron todo y volví a empezar»: la historia de Alejandro Racca, el desarrollador que convirtió a Pinamar en su gran apuesta inmobiliaria

• agosto 1, 2026

El titular de VIRA pasó por el streaming de Ladrillo.Info y repasó el camino que lo llevó de perderlo todo tras un robo a consolidar una desarrolladora en Pinamar. También explicó por qué considera que esa ciudad sigue siendo una de las inversiones inmobiliarias más sólidas del país

Alejandro Racca, titular de VIRA Constructora y Desarrolladora, durante su paso por el streaming de Ladrillo.Info. El empresario repasó su historia de vida, los desafíos que enfrentó para volver a empezar y la actualidad de sus desarrollos en Pinamar

Perder todo y volver a empezar. No una vez, sino dos. Quedar en cero por un robo, vender herramientas para pagar los últimos jornales y sentir alivio recién cuando la última deuda quedó saldada. Esa historia, que parece salida de una película, pertenece a Alejandro Racca, titular de VIRA Constructora y Desarrolladora, quien pasó por el streaming de Ladrillo.Info en YouTube, conducido por Ezequiel Díaz, donde repasó el camino que lo llevó de los momentos más difíciles de su vida hasta consolidar una empresa con fuerte presencia en Pinamar.

El empresario dejó en claro desde el comienzo que detrás de cada edificio existe una historia mucho más profunda que los planos o el hormigón. En su caso, la construcción siempre estuvo ligada al esfuerzo, al aprendizaje y a la capacidad de levantarse después de cada golpe. «Las dos veces que me fundí fue por robos», recordó durante la entrevista. Esa frase resume años de trabajo, sacrificio y decisiones que terminaron por marcar su presente.

Los primeros pasos llegaron cuando todavía cursaba sus estudios. Junto con un compañero decidió emprender antes de recibir el título. La decisión surgió después de escuchar el consejo de un profesor, quien les aseguró que el mejor momento para comenzar era ese, aunque los primeros años fueran difíciles. Ese respaldo terminó por convertirse en el impulso definitivo para crear VIRA.

Cómo nació la empresa y el robo

La empresa nació con recursos muy limitados. Los trabajos iniciales fueron pequeñas reformas, ampliaciones y proyectos modestos. Cada cliente representaba una oportunidad para demostrar seriedad en un mercado donde nadie conocía sus nombres. Racca recordó que durante esa etapa la mejor herramienta fue cumplir la palabra y responder con trabajo, incluso cuando los márgenes económicos eran mínimos.

Con el paso del tiempo llegaron las primeras obras importantes y también los primeros problemas. El crecimiento obligó a incorporar personal, comprar herramientas y asumir responsabilidades cada vez mayores. Sin embargo, cuando todo parecía acomodarse, un robo cambió por completo el panorama.

Los delincuentes se llevaron maquinaria, madera y materiales destinados a distintas obras. La pérdida económica fue enorme, pero el mayor problema apareció al día siguiente, cuando hubo que mirar a los empleados y proveedores sin saber cómo continuar. Racca explicó que aquella situación lo encontró sin experiencia para enfrentar una crisis semejante y sin respaldo financiero para absorber semejante golpe.

Una obra que avanza en Pinamar, actualmente hay dinamismo en esta ciudad de la Costa Atlántica

A pesar de ese escenario, tomó una decisión que todavía recuerda con orgullo. En lugar de abandonar los trabajos, buscó la forma de cumplir con cada compromiso. Vendió parte de la madera que todavía conservaba, resignó herramientas y destinó cada peso que ingresaba al pago de salarios.

Recordó que el último sábado de aquella etapa resultó inolvidable. Los operarios debían cobrar al mediodía, pero el dinero todavía no estaba disponible. Mientras un comprador cargaba la madera que él mismo liquidaba para reunir efectivo, los empleados esperaban el pago. Les pidió apenas un par de horas más.

Cuando finalmente pudo entregar el último jornal sintió algo difícil de explicar. No celebró una ganancia extraordinaria ni una gran obra terminada. Celebró algo mucho más importante: no deberle dinero a nadie. «Cumplí», resumió durante la charla. Para él, esa sensación representó el verdadero significado de la dignidad.

Esa experiencia modificó su manera de entender la actividad. Explicó que poner la cara frente a clientes, proveedores y empleados en los momentos difíciles obliga a crecer como persona y como empresario. También reconoció que aquellas crisis fortalecieron su capacidad para tomar decisiones bajo presión y enfrentar situaciones que antes parecían imposibles.

Superado ese momento, la empresa volvió a recuperar ritmo. Sin embargo, cuando el panorama comenzaba a estabilizarse apareció una decisión que sorprendió a muchos de quienes lo rodeaban.

Mudanza a pasos del mar

Racca resolvió dejar atrás el camino que había construido en Buenos Aires para mudarse definitivamente a Pinamar.

No se trató de una reacción impulsiva. Contó que desde muy chico soñaba con vivir allí. Cada verano viajaba con su familia y sentía una conexión especial con la ciudad. Incluso recordó que cuando era niño imaginaba un futuro muy distinto: quería ser bombero y reparar el histórico muelle de Pinamar. Sin saberlo, ese deseo infantil escondía una relación muy profunda con un lugar que años más tarde terminaría por convertirse en el eje de su vida profesional.

Alejandro Racca y Ezequiel Díaz, luego de la grabación del episodio en los estudios de Ladrillo

La decisión definitiva apareció cuando una de sus hermanas se instaló en esa ciudad. Poco después habló con quien era su jefe y le anunció que dejaba todo para comenzar una nueva etapa. La respuesta terminó por confirmar que había elegido el momento correcto. El empresario le dijo que ese siempre había sido su verdadero proyecto y que ya no tenía sentido postergar un sueño que llevaba años imaginando.

Pinamar, una decisión que cambió su historia

La llegada a Pinamar significó, otra vez, comenzar desde cero. Racca dejó atrás la comodidad de un trabajo estable, alquiló un pequeño local y volvió a recorrer inmobiliarias con una carpeta debajo del brazo. Presentaba proyectos sobre terrenos disponibles, proponía desarrollos y ofrecía hacerse cargo de toda la obra a cambio de participar en el negocio mediante metros cuadrados construidos. La estrategia fue exactamente la misma que utilizó al comienzo de su carrera: salir a buscar oportunidades sin esperar que el teléfono sonara.

Algunos aceptaron la propuesta. Otros la descartaron. Sin embargo, los primeros trabajos permitieron que el nombre de VIRA comenzara a circular entre propietarios, inmobiliarias e inversores. «Cumplí mi palabra y las cosas empezaron a salir bien», recordó sobre aquellos meses decisivos para consolidar la empresa.

Poco después llegó otro desafío inesperado: la pandemia. Mientras gran parte de la economía atravesaba uno de los períodos más complejos de las últimas décadas, la empresa logró sostener su actividad y continuar con nuevos proyectos. Para Racca, esa etapa confirmó que el esfuerzo y la constancia terminan por generar oportunidades incluso en los escenarios más adversos.

Por qué apuesta por Pinamar

Durante la entrevista, Racca explicó que Pinamar posee características muy diferentes al resto de la Costa Atlántica. A su criterio, la ciudad logró sostener un crecimiento ordenado durante décadas gracias a una planificación que protegió el valor del suelo y evitó una sobreoferta de tierra.

Recordó que incluso durante la crisis de comienzos de los años 2000 el mercado inmobiliario local mostró una fortaleza que pocas ciudades pudieron mantener. Esa experiencia terminó por consolidar una visión que conserva hasta hoy: Pinamar representa uno de los mercados inmobiliarios más sólidos de la Argentina.

El episodio completo puede verse en YouTube: no dejes de suscribirte

El desarrollador sostuvo que los barrios residenciales que años atrás ofrecían terrenos a valores muy accesibles hoy duplicaron sus precios y mantuvieron esa valorización sin retrocesos importantes. Por ese motivo diferenció el comportamiento de Pinamar respecto de otros emprendimientos del país donde los valores crecieron por efecto de una burbuja y luego retrocedieron.

«Acá hubo revalorización genuina del metro cuadrado», explicó. A su entender, esa evolución responde a una política sostenida de desarrollo urbano, al cuidado del recurso tierra y a una comunidad empresaria que históricamente privilegió la calidad antes que la especulación.

También destacó el papel que tuvieron los desarrolladores históricos de la ciudad, quienes impulsaron un crecimiento equilibrado sin saturar el mercado con grandes cantidades de lotes o edificios. Esa planificación, señaló, permitió preservar el atractivo de Pinamar tanto para vivir como para invertir.

El valor de cumplir la palabra

Otro de los aspectos que marcó la conversación fue la importancia que Racca le asigna a la confianza. Explicó que llegar desde Buenos Aires a una comunidad relativamente pequeña implicó demostrar con hechos que su proyecto tenía vocación de permanencia.

Reconoció que Pinamar conserva rasgos propios de las ciudades del interior, donde las relaciones personales pesan tanto como los antecedentes profesionales. Sin embargo, también afirmó que existe una comunidad muy amplia integrada por personas que llegaron desde otros lugares con el mismo objetivo: trabajar, invertir y crecer.

Esa experiencia también modificó su manera de relacionarse con quienes hoy buscan instalarse en la ciudad. Cada vez que un arquitecto, ingeniero, constructor o desarrollador le comenta que decidió mudarse a Pinamar para comenzar una nueva etapa, Racca intenta ayudarlos. Les recomienda proveedores, les presenta inmobiliarias y comparte contactos que puedan facilitar los primeros trabajos.

Una casa edificada por VIRA. En Pinamar, entre el bosque y la playa, algo muy solicitado

Incluso, cuando considera que alguien merece una oportunidad, pone su propio nombre como garantía. «Voy a decir que vos cumplís», explicó durante la entrevista. Para él, ese respaldo representa una forma de devolver la ayuda que recibió cuando comenzó desde cero.

El empresario sostuvo que las relaciones construidas desde el desinterés suelen convertirse en las más duraderas. A su criterio, la actividad inmobiliaria naturalmente busca rentabilidad, pero el dinero no puede transformarse en el único objetivo.

Recordó que, cuando perdió todo por los robos, no fueron las expectativas económicas las que lo ayudaron a levantarse, sino el compromiso asumido con las personas que habían confiado en él. Esa responsabilidad terminó por convertirse en el motor para seguir adelante cuando parecía mucho más sencillo abandonar el proyecto.

Hoy, con VIRA consolidada en Pinamar y nuevos desarrollos en marcha, Racca conserva la misma filosofía que lo acompañó desde los primeros trabajos: cumplir la palabra, cuidar cada vínculo y entender que detrás de cada edificio existe una historia construida con esfuerzo.

Para el desarrollador, el éxito no se mide únicamente por la cantidad de metros cuadrados edificados ni por el tamaño de una empresa. También se refleja en la posibilidad de mirar hacia atrás, recordar los momentos más difíciles y comprobar que cada compromiso asumido llegó a buen puerto. Concluyó: «Si el único fin es la plata, este camino no dura demasiado. Lo que realmente sostiene un proyecto es el trabajo, la pasión y la confianza que uno construye con los demás».

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