julio 5, 2026 11:13 am

Volvió a bajar su precio, por qué cuesta vender la casa más emblemática de Núñez: qué medico la habitó y que lo conecta con Perón

• julio 5, 2026

La vivienda, construida en 1925 e incorporada al patrimonio histórico porteño y hoy se ofrece por USD 640.000. Conserva el consultorio original del pediatra que la habitó durante décadas y despierta interés para proyectos comerciales, gastronómicos e institucionales gracias a su arquitectura y ubicación estratégica

Vista aérea de la casona centenaria de Crámer e Iberá. La propiedad, construida en 1925, ocupa una esquina emblemática de Núñez y conserva intacta su impronta de inspiración inglesa y holandesa

En una esquina transitada de Núñez, donde la ciudad cambió de escala y los edificios modernos ganaron terreno, sobrevive una construcción que parece haberse detenido en el tiempo. Con más de un siglo de historia, una fachada que combina rasgos de la arquitectura inglesa y de los Países Bajos, y un consultorio médico que permanece prácticamente intacto, la casona levantada en 1925 volvió a ser noticia por un motivo muy distinto al de su valor patrimonial: otra vez bajó de precio en busca de un comprador.

Después de haber salido al mercado cerca de los USD 960.000 y atravesar sucesivas retasaciones, hoy se ofrece por USD 640.000. Sin embargo, encontrar quien la adquiera no resulta sencillo. No se trata únicamente de una vivienda de 349 m2, sino de un inmueble protegido por su valor histórico y arquitectónico, cuya compra implica comprender que detrás de cada ambiente también se conserva parte de la memoria de Buenos Aires.

Quien hoy comercializa la propiedad es Lucas Bonillo, de Bonillo Centro Inmobiliario, quien explicó que la reducción del precio responde al tiempo que lleva publicada. «Durante años estuvo ofrecida en valores más altos. Hoy creemos que el precio refleja mucho mejor la realidad del mercado y el enorme potencial que tiene esta propiedad», señaló.

Una casa que atravesó un siglo

Construida por el arquitecto Mario Sesana sobre un lote de 157 m2, la vivienda demandó cuatro años de obra y conserva buena parte de sus materiales originales. La fachada, las tejas francesas Pierre Sacoman, los vitreaux, las molduras, los postigos de hierro, las carpinterías de madera, los pisos de pinotea y los techos de más de tres metros de altura siguen formando parte de una construcción que logró sobrevivir prácticamente sin alteraciones.

La fachada sobre Avenida Crámer, uno de los íconos arquitectónicos del barrio. Su volumetría, las tejas originales y los balcones de madera la distinguen entre las construcciones de la zona

El recorrido comienza con un patio delantero y una imponente puerta de ingreso en doble altura con vitreaux, que conduce a un amplio hall de recepción. Desde allí se distribuyen el living, el comedor, un escritorio, la cocina, siete dormitorios repartidos en tres plantas, terrazas, balcones y un altillo de 40 m2 que completa una superficie total de 349 m2.

Lejos de ser una simple casona antigua, el inmueble fue incorporado al patrimonio histórico, arquitectónico y urbanístico de la Ciudad de Buenos Aires, condición que protege especialmente su fachada y obliga a preservar su identidad.

El médico que dejó una huella en el barrio

Pero la historia de la propiedad trasciende la arquitectura. Durante décadas fue el hogar del pediatra y cirujano infantil Eduardo Mauricio Pereira Ramírez, nacido en 1899 y reconocido por su labor en el Hospital Pirovano.

Además de desempeñarse en ese centro de salud, el médico atendía a muchos de sus pacientes dentro de la propia vivienda, donde instaló un consultorio que aún permanece conservado con su mobiliario original, biblioteca, escritorio y objetos de época.

El antiguo consultorio del doctor Eduardo Mauricio Pereira Ramírez se conserva prácticamente intacto. El ambiente mantiene el espíritu del reconocido pediatra que atendió allí durante décadas

Ese ambiente constituye hoy uno de los espacios más valiosos de la propiedad porque mantiene intacta la atmósfera en la que el profesional recibió durante años a generaciones de vecinos del barrio.

Tras su fallecimiento, en 1988, la familia decidió preservar ese legado como una forma de mantener viva su memoria.

La carta que lo une con Perón

La trayectoria del doctor Pereira Ramírez también quedó registrada en un documento histórico. En 1955, pocos meses antes de ser derrocado, el entonces presidente Juan Domingo Perón le envió una carta manuscrita en reconocimiento a su labor médica.

En ella escribió: «Me es altamente grato hacerle llegar mi profundo reconocimiento en nombre del pueblo a cuyo servicio deben estar siempre los afanes y el sacrificio de los médicos que son conscientes de su elevada responsabilidad».

El hall de distribución mantiene los pisos calcáreos, las carpinterías y las puertas de madera originales. La casa preserva gran parte de los materiales colocados hace un siglo

La carta todavía forma parte del patrimonio familiar y representa uno de los testimonios más singulares vinculados con la historia de la vivienda.

Una venta diferente

Aunque muchos compradores se interesan por la propiedad, pocos terminan avanzando. Según explicó Bonillo, la condición patrimonial hace que no sea una operación convencional.

«Estamos frente a un inmueble muy especial. La fachada no puede modificarse, pero el interior admite intervenciones respetuosas que permiten adaptarlo a nuevos usos. Eso amplía muchísimo las posibilidades», sostuvo.

Uno de los dormitorios con salida a balcón. La vivienda cuenta con varios espacios exteriores que ofrecen vistas abiertas hacia el barrio de Núñez

El corredor inmobiliario considera que el mayor atractivo está en el potencial comercial e institucional. Explicó: «Por su ubicación en esquina, su presencia arquitectónica y la identidad que transmite, imaginamos perfectamente un restaurante, una cafetería de autor, una sede institucional, un estudio profesional, una galería o un showroom. Tiene una personalidad que hoy resulta muy difícil encontrar en la ciudad».

Incluso mencionó que conceptos gastronómicos que suelen instalarse en casonas históricas podrían encontrar allí un escenario ideal.

Un patrimonio con valor económico

Para la arquitecta Mariana Lucángeli, especialista en Real Estate, el verdadero diferencial de esta propiedad radica en que no compite con una casa tradicional. Analizó: «Este tipo de inmuebles no se valoran únicamente por la superficie o por la cantidad de ambientes. Lo que adquiere el comprador es un activo patrimonial prácticamente irrepetible dentro del mercado porteño».

El comedor principal refleja el estilo de las residencias porteñas de principios del siglo XX. Pisos de pinotea, techos altos y aberturas de época forman parte de su identidad

Según explicó, los elementos originales conservados incrementan el atractivo de la vivienda: «La pinotea, los vitreaux, las carpinterías, las molduras, las tejas originales y la escala de los ambientes representan un capital arquitectónico que sería imposible reproducir hoy con el mismo nivel de detalle».

Para la especialista, el valor histórico también puede transformarse en una ventaja económica cuando el proyecto acompaña esa identidad.

Entre la restauración y los nuevos usos

Las imágenes del interior muestran ambientes luminosos, largos pasillos, escaleras de madera perfectamente conservadas, dormitorios con balcones, pisos originales y una estructura que admite distintos destinos.

Bonillo aseguró que muchas consultas llegan desde desarrolladores o profesionales que imaginan un uso distinto al residencial.

El cartel de venta vuelve a instalar el debate sobre el futuro de la propiedad. Tras una importante baja de precio, la histórica casona continúa buscando comprador

«No necesariamente tiene que convertirse otra vez en una casa familiar. Puede funcionar perfectamente como sede de una empresa, consultorios, un estudio de arquitectura, una academia, una fundación o un espacio gastronómico de categoría. Creemos que ese es el perfil de comprador que terminará encontrándola», resumió.

Para Lucángeli, precisamente allí aparece una de las mayores fortalezas. «Las grandes ciudades están revalorizando edificios con identidad porque ofrecen algo que ninguna construcción nueva puede replicar: autenticidad. Restaurar una casa de estas características no significa congelarla en el tiempo, sino darle un nuevo uso respetando su historia», explicó.

Mucho más que una propiedad

La vivienda atravesó cien años de transformaciones urbanas sin perder su esencia. Vio crecer al barrio, conservó el consultorio de un médico querido por varias generaciones, resguardó una carta enviada por Perón y logró mantener intactos muchos de los materiales con los que fue construida hace un siglo.

Uno de los siete dormitorios de la vivienda. Conserva pisos de madera originales, techos de gran altura y amplios ventanales que aportan abundante luz natural

Hoy busca un nuevo dueño, aunque no cualquiera. Bonillo resumió: «Hay propiedades que se venden por ubicación, otras por precio y otras por metros cuadrados. Esta necesita un comprador que entienda el valor de la historia que está adquiriendo».

Lucángeli coincidió con esa mirada y dejó una reflexión que sintetiza el significado de la casona. «Buenos Aires perdió muchas de sus grandes residencias históricas. Cada inmueble que logra preservarse representa una oportunidad para mantener viva una parte de la identidad de la ciudad. Cuando una propiedad reúne valor arquitectónico, memoria y potencial de reutilización, deja de ser simplemente una operación inmobiliaria para convertirse en patrimonio con futuro», concluyó.

(*) Con fotos de Bonillo Centro Inmobiliario y familia Pereira Ramírez

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