Durante años, el interiorismo ocupó un lugar secundario dentro del mercado inmobiliario argentino. Primero llegaba el proyecto arquitectónico, después la construcción y, recién al final, la elección de muebles y objetos decorativos. Ese esquema empezó a cambiar. Hoy, desarrolladores, inversores y compradores comprenden que un proyecto integral puede marcar la diferencia entre vender rápido o esperar varios meses para concretar una operación.
Sobre esos temas hablaron Claudia Faena, arquitecta y diseñadora al frente de Faena Studio, y Florencia Basile, arquitecta y diseñadora de interiores con 15 años de trayectoria en Estudio Fontenla, durante una entrevista en el streaming de Ladrillo.Info en Youtube, conducido por Ezequiel Díaz. Ambas analizaron cómo la neuroarquitectura y el diseño integral modifican la forma de proyectar viviendas, oficinas y desarrollos inmobiliarios, además de potenciar el valor de una propiedad y mejorar la calidad de vida de quienes la habitan.
El cambio también tiene un impacto económico. Según explicó Basile, una propiedad con un proyecto integral puede incrementar significativamente su valor de mercado. Sostuvo: «Una propiedad con un proyecto, con un diseño de interior integral, puede valer entre un 15% y un 30% más de su valor crudo, dependiendo de la ubicación dentro de la ciudad. Pero no solo eso. En residencial también acorta el plazo del proceso comercial».
Para la especialista, el comprador actual ya no analiza únicamente la cantidad de metros cuadrados. Hoy presta atención a la calidad de cada ambiente, la iluminación, la funcionalidad y las sensaciones que transmite una vivienda desde el primer recorrido.

«El consumidor ya no evalúa solamente cuántos metros cuadrados compra. También observa qué le ofrece cada metro cuadrado. Existe un comprador mucho más consciente de lo que busca», afirmó Basile.
Del Faena Hotel al descubrimiento del interiorismo
Las trayectorias de las dos invitadas reflejan caminos distintos que terminaron en un mismo punto: transformar espacios para mejorar la vida de las personas.
En el caso de Faena, el recorrido comenzó desde la arquitectura tradicional. Durante sus primeros años profesionales desarrolló edificios hasta que apareció un proyecto que cambió su carrera para siempre: el Faena Hotel.

«Empecé trabajando como arquitecta, haciendo edificios. En un momento armé el proyecto del Faena Hotel junto con mi hermano Alan y ahí tomé contacto con Philippe Starck. Me fascinó su forma de trabajar y toda la magia que se podía crear dentro de un edificio existente. En ese momento me enamoré del interiorismo», recordó.
Ese vínculo con uno de los diseñadores más reconocidos del mundo modificó su forma de entender la arquitectura. Desde entonces empezó a observar los espacios desde la experiencia cotidiana de quienes los habitan y no solamente desde la estructura edilicia.
La neuroarquitectura, una ciencia que llegó para quedarse
Si durante décadas la arquitectura puso el foco en la funcionalidad de los espacios, hoy la neuroarquitectura suma una nueva variable: cómo reacciona el cerebro frente al ambiente que lo rodea. La iluminación, la ventilación, los materiales, los colores, la acústica e incluso las proporciones de un ambiente generan respuestas emocionales y fisiológicas que repercuten en la salud, el descanso y la productividad.
Para Faena, ese conocimiento dejó de ser una tendencia para convertirse en una herramienta concreta dentro de cada proyecto. «La neuroarquitectura estudia cómo los espacios influyen sobre las personas. Un ambiente puede darte tranquilidad, ayudarte a concentrarte o generar exactamente el efecto contrario. Hoy existen investigaciones que demuestran ese impacto y nosotros lo aplicamos desde el comienzo del proyecto», explicó.

La especialista sostuvo que cada decisión de diseño tiene un propósito. La orientación de una vivienda, el ingreso de la luz natural, la relación con el exterior o la elección de determinadas texturas ya no responden únicamente a criterios estéticos.
Afirmó: «La arquitectura y el interiorismo siempre influyeron sobre las personas. La diferencia es que hoy podemos respaldar esas decisiones con evidencia científica».
La crisis de 2001, el origen del «flipping» y una carrera que nació por necesidad
El recorrido de Florencia Basile también comenzó desde la arquitectura, aunque en un contexto completamente distinto.
Se recibió en 2001, en plena crisis económica, cuando las oportunidades laborales prácticamente desaparecieron dentro del sector de la construcción.

Lejos de quedarse inmóvil, encontró una salida que años después se transformaría en una práctica habitual dentro del mercado inmobiliario. Relató: «Comprábamos casas, las reformábamos y las vendíamos. Lo hacíamos porque prácticamente no había trabajo».
Sin buscarlo, terminó convirtiéndose en una de las primeras profesionales que aplicó en Argentina un modelo hoy conocido como flipping, basado en adquirir inmuebles con potencial, renovarlos y volver a comercializarlos.
Aquella experiencia también le permitió descubrir otra faceta. Expresó: «Siempre digo que soy arquitecta de profesión, muy comercial de oficio y apasionada por el diseño de interiores. Las tres cosas aparecieron muy rápido juntas».
Esa combinación la llevó hace quince años a incorporarse al equipo de Estudio Fontenla, donde desarrolla proyectos residenciales y comerciales.
Mucho más que decoración
Ambas coincidieron en que uno de los mayores prejuicios que todavía persisten consiste en asociar el interiorismo únicamente con muebles, lámparas o revestimientos.
Para Claudia Faena, la disciplina atraviesa absolutamente todo el proyecto. «El interiorismo es mucho más profundo. También implica definir dónde conviene colocar una toma eléctrica, cómo entra la luz natural, qué revestimiento utilizar o cómo preparar una pared para que el resultado final funcione mejor.»
Esa mirada también empezó a modificar la relación entre arquitectos, desarrolladores e interioristas. Según explicó, cada vez resulta más frecuente que el interiorismo participe desde el inicio de un emprendimiento y no cuando la obra ya terminó.
Recordó incluso uno de los primeros desarrollos donde trabajó junto a un estudio de arquitectura. «Me llamaron para resolver trece amenities distintos dentro de un edificio porque el equipo arquitectónico no llegaba a ocuparse de todos esos detalles. Ahí entendí el enorme valor que tiene trabajar de manera complementaria.»
Para la arquitecta, la combinación entre arquitectura e interiorismo permite ofrecer productos inmobiliarios mucho más competitivos.
«El arquitecto piensa el edificio desde afuera. El interiorista lo vive desde adentro. Cuando ambas miradas trabajan juntas, el resultado cambia completamente.»
Cuando el diseño también vende
Uno de los ejemplos más claros surgió a partir de un desarrollo residencial donde Faena intervino sobre las terminaciones previstas originalmente.
En lugar de mantener pisos cerámicos tradicionales y ambientes más oscuros, propuso materiales claros, nuevos formatos de colocación y una estrategia integral basada en la iluminación.
Los cambios parecían pequeños, aunque terminaron modificando la percepción completa del producto. «A veces porque un producto cuesta menos dinero se cree que tiene que verse peor. Hay muchas maneras de transformar un proyecto económico para que transmita mucha más calidad», explicó.
Incluso comparó esa transformación con el concepto que convirtió a IKEA en una referencia mundial del diseño accesible: lograr una imagen atractiva sin necesidad de incrementar significativamente los costos.
Inteligencia artificial, sustentabilidad y un cliente mucho más informado
Otro de los cambios que identificaron las profesionales pasa por el perfil del comprador. Quien llega hoy a una reunión suele conocer tendencias, materiales y estilos gracias a las redes sociales y las herramientas digitales. En ese escenario, la inteligencia artificial empezó a ocupar un lugar de apoyo dentro del proceso creativo.
Basile explicó que estas plataformas permiten visualizar alternativas con mayor rapidez y facilitan el intercambio de ideas con el cliente, aunque aclaró que el criterio profesional continúa siendo irremplazable. Dijo: «La inteligencia artificial sirve para agilizar procesos y mostrar opciones, pero el diseño sigue necesitando sensibilidad, experiencia y conocimiento técnico. Ninguna herramienta puede reemplazar la mirada de un profesional».

Las dos arquitectas también coincidieron en que la sustentabilidad dejó de ser un concepto exclusivo de proyectos premium para transformarse en un requisito cada vez más habitual.
Materiales durables, iluminación eficiente, muebles de larga vida útil y soluciones que reduzcan el consumo energético forman parte de una demanda que crece tanto en viviendas como en oficinas y desarrollos multifamiliares.
Según Basile, el desafío consiste en encontrar un equilibrio entre estética, funcionalidad y eficiencia sin perder identidad en cada proyecto.
Espacios que mejoran la calidad de vida
Más allá del valor económico que puede aportar un proyecto de interiorismo, ambas especialistas coincidieron en que el objetivo principal sigue siendo mejorar la experiencia cotidiana de quienes viven esos espacios.
La pandemia modificó hábitos, prioridades y formas de habitar la vivienda. El hogar dejó de ser únicamente un lugar para descansar y pasó a incorporar espacios para trabajar, estudiar, compartir y desconectarse.

Ese cambio también elevó las expectativas de los compradores, que hoy valoran ambientes versátiles, luminosos y capaces de adaptarse a distintas situaciones.
Para Faena, el verdadero desafío consiste en lograr que cada proyecto refleje la personalidad de quien lo habita y, al mismo tiempo, aporte bienestar a largo plazo.
Resumió: «El lujo ya no pasa solamente por los materiales o por el tamaño de una vivienda. El verdadero lujo es sentirse bien en el lugar donde uno vive».
Y concluyó: «Cuando el diseño mejora la vida de las personas, deja de ser un gasto para transformarse en una inversión. Ese es el camino que cada vez más desarrolladores y propietarios empiezan a comprender dentro del mercado inmobiliario argentino».