Mientras en gran parte del mundo la construcción en madera dejó de ocupar un lugar marginal para consolidarse como un sistema competitivo frente al hormigón y el acero, en la Argentina el fenómeno gana volumen y visibilidad. La combinación entre industrialización, menor impacto ambiental y velocidad de ejecución empuja a la madera a ocupar un rol cada vez más relevante dentro del mercado de la vivienda, tanto en desarrollos unifamiliares como en proyectos de mayor complejidad.
Estados Unidos, Canadá y varios países europeos avanzan desde hace años con edificios residenciales, oficinas y equipamiento educativo construidos con madera de ingeniería. Incluso en la región, países limítrofes desarrollan soluciones habitacionales en madera con estándares industriales. Esa experiencia internacional encuentra en la Argentina un escenario favorable: el país cuenta con unas 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales y una de las tasas de crecimiento más altas del mundo en especies como pino y eucalipto, ampliamente utilizadas en construcción.
Daniel Vier, presidente de la Camara Argentina de la Madera y secretario general de FAIMA, señaló que esa ventaja biológica resulta determinante. Un pino en Canadá tarda cerca de 80 años en crecer, mientras que en la Mesopotamia argentina completa su ciclo en unos 18 años, gracias a las condiciones de suelo y clima. Esa diferencia garantiza disponibilidad de materia prima renovable y abre una oportunidad estratégica para el desarrollo de vivienda y economías regionales.
Velocidad de obra y previsibilidad
Uno de los principales diferenciales frente a la obra tradicional aparece en los plazos. Una vivienda construida con sistemas húmedos suele demandar entre ocho meses y un año de obra. En cambio, los sistemas industrializados en madera permiten completar una casa en dos o tres meses, con mayor previsibilidad de costos y menor dependencia de factores climáticos.

La lógica de producción en planta reduce errores, desperdicios y retrabajos. Además, el montaje en obra requiere equipos más reducidos y una logística más eficiente, lo que impacta de forma directa en el costo financiero del proyecto y en la posibilidad de ocupar o comercializar la vivienda en menos tiempo.
Desde el punto de vista ambiental, la madera funciona como un material con balance positivo de carbono. Almacena CO₂ durante su crecimiento y requiere menos energía para su transformación que el hormigón o el acero. A lo largo del ciclo de vida de la vivienda, ese diferencial se refuerza gracias a su alto desempeño térmico.
En términos de costos, construir con madera en Argentina se ubica hoy entre USD 1.300 y USD 2.500 por m2, segun el sistema elegido, el grado de industrialización y las prestaciones energéticas. Si bien los valores pueden equipararse a los de la obra tradicional, el menor tiempo de ejecución reduce el costo financiero total y mejora la ecuación final.
Sistemas constructivos que ganan terreno
En la Argentina conviven varios sistemas constructivos en madera, con distintos niveles de industrialización y complejidad técnica:
- Entramado liviano (platform frame y balloon frame): estructura liviana con excelente aislación térmica y acústica. Permite reducir hasta un 60% los tiempos de ejecución frente a la mampostería tradicional.
- Paneles estructurales industrializados: integran estructura, aislación y cerramiento en una sola pieza fabricada en planta. Reducen obra húmeda y mejoran el control de calidad.
- Poste y viga: basado en madera laminada encolada, permite grandes luces, plantas libres y flexibilidad de diseño.
- CLT (madera contralaminada): forma parte del grupo mass timber. Se asocia a proyectos de mayor escala y altura por su estabilidad estructural y alto grado de prefabricación.

El arquitecto y docente Diego Garcia Pezzano señaló que la evolucion de la ingenieria aplicada a la madera amplió de forma notable sus posibilidades. La madera dejó de funcionar como recurso limitado a viviendas pequeñas y hoy resuelve edificios complejos, con estandares de confort, seguridad y diseño contemporaneo.
Eficiencia energetica y costos operativos
Más allá del costo inicial, la eficiencia energética aparece como uno de los argumentos más sólidos. El desempeño térmico de la madera reduce de forma sostenida el consumo de energía para calefacción y refrigeración durante toda la vida útil de la vivienda. Ese ahorro impacta en los gastos mensuales y mejora la capacidad de los hogares para afrontar créditos y costos de mantenimiento.

Roberto Luis Raimondi, asesor de FAIMA y especialista en eficiencia y transición energética, explicó que ese desempeño impacta directamente en los costos operativos y en la capacidad de los hogares para sostener gastos fijos o afrontar créditos. En viviendas bien resueltas, el ahorro energético se mantiene de forma sostenida tanto en invierno como en verano.
Desde el sector destacan que la construcción en madera no solo mejora el confort interior, sino que también aporta previsibilidad en un contexto de tarifas crecientes. Ese atributo empieza a ser valorado por compradores e inversores, más allá del costo inicial.
Desafios culturales y normativos
Pese al crecimiento, el sector enfrenta barreras. Persisten prejuicios vinculados a la durabilidad, el mantenimiento y la seguridad frente al fuego. La experiencia internacional y los ensayos técnicos muestran desempeños equivalentes o superiores a los sistemas tradicionales, aunque el desconocimiento limita su adopción masiva.

Otro desafío clave aparece en el plano normativo. Muchos códigos de edificación municipales no contemplan en forma explícita la construcción en madera, especialmente en edificios de mayor altura. La actualización de reglamentos y la capacitación profesional resultan condiciones necesarias para escalar el modelo.
Tiempos de obra y flexibilidad de diseño
Una vivienda de 75 m2 puede completarse en seis o siete semanas, mientras que una de 150 m2 demanda entre cuatro y seis meses, según complejidad y terminaciones. La etapa de obra gris insume alrededor de 60 días y se ejecuta con equipos reducidos, lo que optimiza logística y organización.
Las posibilidades de terminación permiten resolver techos planos o inclinados, estilos clásicos o contemporáneos y una amplia variedad de revestimientos. El presupuesto se define en etapa de proyecto, con margen para decidir en qué invertir más y dónde optimizar recursos.
Panelería: industrialización y ahorro
Dentro de los sistemas industrializados, la panelería SIP (Structural Insulated Panel, panel estructural aislado formado por dos placas —generalmente OSB— con un núcleo rígido aislante. Cumple función estructural, de cerramiento y aislación en muros, pisos y techos) se consolida como una de las alternativas de mayor crecimiento. Este sistema integra estructura, cerramiento y aislación en una única pieza fabricada en planta, con alta precisión dimensional.

“Los paneles SIP se componen por dos placas estructurales de madera unidas a un núcleo aislante de alta densidad. Permiten resolver muros, techos y entrepisos con el mismo sistema, reducen obra húmeda y mejoran el control de calidad”, dijo Guillermo Badano, socio gerente de TAO Soluciones Constructivas.
En términos de costos, la construcción con paneles SIP presenta valores entre USD 1.300 y USD 1.600 por m2, según diseño y nivel de equipamiento. El ahorro energético se mantiene constante durante toda la vida útil de la vivienda.
Badano concluyó que la panelería SIP sintetiza el rumbo del sector: industrialización, eficiencia energética y previsibilidad como ejes de una vivienda que deja de competir solo por costo y empieza a hacerlo por valor agregado y desempeño a largo plazo.