En Mar del Plata, pocas construcciones logran condensar historia, identidad urbana y mercado inmobiliario como el edificio Demetrio Elíades, conocido popularmente como el Havanna. A 56 años de su inauguración, mantiene un récord que nadie logró destronar: continúa como el edificio más alto del skyline marplatense y uno de los más fotografiados de la Argentina.
Ubicado sobre la avenida Patricio Peralta Ramos al 2800, frente al mar y a metros de las playas Las Toscas y La Bristol, el rascacielos se transformó en una referencia visual permanente. Su altura, su emplazamiento y su vínculo con la marca Havanna lo convirtieron en un símbolo que excede lo arquitectónico.
Con sus 125 metros de altura, el edificio Demetrio Elíades no solo domina el skyline marplatense: mantiene el récord como la torre más alta de la ciudad.

Su silueta frente al mar, recortada sobre la línea de la costa y visible desde playas, avenidas y embarcaciones, lo convirtió en uno de los edificios más fotografiados de la Argentina y en una postal ineludible de Mar del Plata.
Quien fue Elíades
Detrás de esta obra monumental aparece la figura de Demetrio Elíades, empresario nacido en Creta a comienzos del siglo XX, cuya biografía mezcla épica migrante, visión comercial y ambición urbana. Instalado en Mar del Plata durante la década del 30, comenzó como vendedor ambulante y luego incursionó en bares, restaurantes y farmacias. Uno de esos locales llevó el nombre Havanna, marca que más tarde alcanzó proyección internacional gracias a la producción de alfajores.

Consolidado como empresario, Elíades canalizó su expansión hacia el desarrollo inmobiliario mediante la firma Delco. Su idea resultó clara: replicar en Mar del Plata una imagen de ciudad vertical, con torres que dialogaran con el mar y ofrecieran vistas privilegiadas desde todos los niveles.
En 1966 comenzó la construcción del edificio que cambiaría para siempre la fisonomía costera. La obra demandó casi tres años y exigió soluciones técnicas inéditas para la época, especialmente por su cercanía al mar y la altura proyectada. El edificio se inauguró en 1969, poco después del fallecimiento de su impulsor, que no llegó a ver concluida su obra más ambiciosa.

En los años 60, cuando el Havanna comenzó a elevarse, la ciudad vivía un proceso de expansión turística y urbanística sin precedentes. El rascacielos rompió con la escala tradicional del tejido urbano y estableció un nuevo horizonte visual, comparable al de grandes ciudades costeras del mundo.
Una proeza técnica frente al mar
El diseño arquitectónico llevó la firma de Juan Antonio Dompé, mientras que la ingeniería estructural estuvo a cargo del polaco Jan Josef Ruszkowski. El planteo estructural recurrió a un sistema tradicional de hormigón armado, con una platea de doble armadura apoyada sobre sustrato rocoso, columnas, vigas y tabiques preparados para resistir vientos costeros y condiciones climáticas extremas.

Una de las innovaciones más destacadas fue el uso de carpinterías de aluminio anodizado natural, poco habituales en la construcción tradicional de los años 60. Además, a pedido de Elíades, se utilizaron aditivos especiales que aceleraron el fraguado del hormigón y permitieron levantar un piso cada diez días laborables, un ritmo excepcional para la época.

El edificio cuenta con 39 pisos y alcanza los 125 metros de altura. Todas las unidades poseen balcón y vista al mar o a la ciudad, una condición que desde el inicio formó parte del concepto original.
Vecinos ilustres, Carlitos Balá y un homenaje
El Havanna no solo se consolidó como ícono arquitectónico, sino también como escenario de vida social y cultural. Entre sus residentes históricos figuran figuras como Carlitos Balá, Bruno Gelber y Mónica Gonzaga, entre otros. A lo largo de distintas temporadas, también alquilaron departamentos celebridades del teatro y la televisión que trabajaron en la ciudad durante el verano.
El nombre de Carlitos Balá ocupa un lugar central. El humorista fue propietario de un departamento en el edificio durante años y mantuvo un vínculo afectivo muy fuerte con el lugar. Su figura quedó asociada a la vida cotidiana del rascacielos, al punto de convertirse en parte de su memoria colectiva.

Balá solía pasar largas temporadas en Mar del Plata durante los veranos teatrales y el Havanna funcionó como su refugio personal frente al mar. Vecinos y trabajadores del edificio recuerdan su trato amable, su rutina diaria y su presencia habitual en los espacios comunes, lo que reforzó la identificación del ícono humorístico con el edificio más alto de la ciudad.
Ese lazo simbólico motivó una iniciativa reciente del consorcio para homenajearlo. El proyecto, ya presentado ante el Honorable Concejo Deliberante, propone la instalación de un monumento de Carlitos Balá en la vereda del edificio, sobre la avenida Peralta Ramos. La propuesta busca consolidar el vínculo entre el edificio y una figura que forma parte del patrimonio cultural argentino.
La puesta en valor del gigante
En los últimos años, el consorcio inició un ambicioso proceso de restauración de la envolvente edilicia. Carlos Julián Santillán, administrador del edificio, detalló que desde agosto de 2022 se ejecuta un plan integral de recuperación de toda la envolvente exterior, una obra largamente esperada tanto por los propietarios como por el Municipio de General Pueyrredón. El objetivo central apunta a preservar un ícono del frente marítimo marplatense y garantizar su conservación a largo plazo.

Las tareas incluyeron la reparación completa de los revestimientos existentes, la rectificación de revoques y el tratamiento de los hierros de las armaduras mediante cepillado y arenado para eliminar focos de óxido. Además, se retiraron y reemplazaron todos los anclajes de balcones que presentaban deterioro, sustituidos por piezas de acero inoxidable.
A eso se sumó el recambio total de las salidas de calefones, adquiridas directamente en fábrica para asegurar calidad y durabilidad, y la aplicación de cuatro manos de pintura de primera marca, especialmente seleccionada para resistir las condiciones climáticas de la primera línea de mar.
Santillán precisó que una parte clave de estas obras ya quedó finalizada: el contrafrente que da a la avenida Colón y la calle Alsina se completó hace aproximadamente un año y medio. En la actualidad, los trabajos avanzan sobre el frente principal del edificio, específicamente en las líneas de balcones C y D, las más visibles desde el Boulevard Marítimo y uno de los sectores más fotografiados del inmueble.

En cuanto al estado general del edificio, Santillán señaló que la estructura se mantiene en buenas condiciones y que existe un consenso creciente entre los propietarios para continuar con las mejoras. Las expensas ordinarias se consideran acordes a las características del inmueble, con servicios de seguridad nocturna, múltiples ascensores y personal permanente.
Las expensas extraordinarias vinculadas a obras de gran escala se cubren, en su mayoría, con recursos propios del consorcio, como el alquiler del espacio aéreo en la azotea, lo que evita un impacto directo en los gastos mensuales de los consorcistas.
Cómo es vivir en el edificio Havanna
Puertas adentro, el Demetrio Elíades funciona como un verdadero termómetro del mercado inmobiliario marplatense. El edificio alberga alrededor de 273 unidades, con siete departamentos por piso, y presenta una diversidad de tipologías que alimenta distintos perfiles de demanda.

Las unidades se organizan de la siguiente manera:
- Línea A: departamentos de 2 ambientes, con 45 m2
- Línea B: monoambientes, con 32 m2
- Líneas C y G: 3 ambientes con dependencia y dos baños, con 75 m2
- Línea D: 2 ambientes al frente, con 50 m2
- Líneas E y F: 2 ambientes con dependencia y dos baños, con 65 m2
Mercado inmobiliario: valores y lógica de inversión
Rodrigo Sanz, martillero y corredor público de Sanz y Ordoqui Propiedades, describió el escenario actual del edificio. Explicó que hoy conviven dos mercados bien definidos: unidades en estado original y departamentos reciclados a nuevo.

Según sus registros, un departamento original en pisos intermedios ronda los USD 80.000. Tras una inversión cercana a USD 20.000 en un reciclado de calidad, esa misma unidad alcanza valores de mercado en torno a USD 125.000. En pisos superiores, especialmente los últimos niveles, los valores trepan hasta USD 155.000, impulsados por la vista panorámica y la altura.
Matías Nicolás Ruger, de Ruger Negocios Inmobiliarios, señaló que muchos compradores priorizan hoy la modernización integral de las unidades. Explicó que los reciclados suelen incluir porcelanatos de gran formato, cocinas integradas al living comedor, mesadas de silestone o granito y baños con pediluvio y mamparas de vidrio.

Ruger indicó que varias unidades aún conservan su estado original, lo que permite reformulaciones completas y revalorizaciones significativas. En muchos casos, la antigua dependencia de servicio se transforma en escritorio o dormitorio adicional, según el perfil del comprador.
El segmento premium y la mirada de Cross
Desde Rosi Rodrigues ex Cross, el asesor Julio César Miño Barrios aportó ejemplos concretos del segmento premium dentro del edificio. Señaló que un departamento de 2 ambientes, ubicado en el piso 39, con 40 m2 totales, se tasó en USD 149.900. La unidad se vendió amueblada, con reciclado integral, nuevas cañerías, instalación eléctrica renovada y calefacción por radiadores.

Miño Barrios explicó que la altura y la vista directa al mar resultan determinantes en este tipo de operaciones. Además, destacó que el edificio ofrece una dinámica similar a la de un hotel, con conserjería y vigilancia las 24 horas, un factor muy valorado por compradores e inversores.
En materia de alquiler temporario, los valores también reflejan esa condición premium. «Un departamento reciclado en piso alto alcanza tarifas de hasta USD 180 por noche en temporada, con adicionales por cochera. En casos excepcionales, unidades con vistas abiertas y equipamiento completo superan esos valores», concluyó Miño Barrios.