A comienzos de 2026, el Guinness World Records reconoció oficialmente al Gran Anillo como la estructura arquitectónica de madera más grande del mundo. La obra forma parte central de la Expo 2025 Osaka, Kansai, Japón, que se desarrolló entre el 13 de abril y el 13 de octubre último bajo el lema “Diseñando la sociedad del futuro para nuestras vidas”.
El Gran Anillo se emplaza en el predio principal de la exposición y funciona como eje organizador del recorrido, una pieza de infraestructura urbana que combina escala monumental, tradición constructiva y soluciones contemporáneas pensadas para eventos masivos.
Con una superficie superior a los 61.000 metros cuadrados, la estructura no solo impacta por sus dimensiones sino también por su materialidad y por el mensaje que transmite en un contexto global atravesado por la discusión ambiental, la sostenibilidad y el uso responsable de los recursos.

El proyecto implicó una inversión estimada en 34.400 millones de yenes, equivalentes a unos USD 230 millones, de acuerdo a datos reportados por la empresa constructora.
Enfoque de la feria
La Expo 2025 Osaka-Kansai es la próxima Exposición Universal que se lleva a cabo en la isla artificial de Yumeshima, en Osaka, entre el 13 de abril y el 13 de octubre de 2025. Este tipo de eventos, surgidos en el siglo XIX como ferias mundiales para mostrar innovaciones culturales, tecnológicas y económicas, hoy persisten como plataformas globales de intercambio y diálogo entre países, empresas e instituciones. La edición de 2025 invitó a reflexionar sobre el futuro de la sociedad bajo el lema “Diseñando la sociedad del futuro para nuestras vidas”, con más de 160 países y organizaciones participantes y una expectativa de millones de visitantes durante sus seis meses de duración.
En el corazón de este encuentro global se encuentra el Gran Anillo (Grand Ring), concebido por el arquitecto Sou Fujimoto como un circuito monumental de madera que organiza el flujo peatonal alrededor de los principales pabellones.
La técnica de construcción combina métodos modernos de ingeniería con la tradición japonesa de ensamblajes sin herrajes metálicos, conocida como juntas “nuki”, empleada históricamente en templos y santuarios. En este sistema, vigas y columnas se cruzan y encastran con precisión, formando un entramado resistente sin necesidad de tornillos ni clavos, aunque hoy se complementa estratégicamente con refuerzos metálicos para cumplir con los estándares sismorresistentes contemporáneos.

El material principal —más de 27.000 metros cúbicos de madera— integra cedro japonés y ciprés hinoki locales (aproximadamente 70%) con pino silvestre importado (30%), un balance que refleja tanto la tradición forestal japonesa como la escala extraordinaria del proyecto. Esta elección material no solo aporta calidez visual y sensorial al recorrido, sino que también posiciona a la madera como protagonista en proyectos de gran envergadura, contra la lógica estructural habitual dominada por el acero y el hormigón.
Unidad en la diversidad como concepto rector
El diseño del recinto responde al concepto de “Unidad en la diversidad”, una idea promovida por los organizadores de la Expo 2025 que propone un espacio integrador, capaz de albergar culturas, tecnologías y miradas distintas dentro de una estructura común.

El Gran Anillo rodea el predio y conecta los distintos pabellones mediante un corredor continuo. En ese recorrido, la obra actúa como guía espacial y como límite simbólico, sin cerrar ni aislar, sino ordenando el flujo de personas de manera intuitiva.
Una vía central pensada para millones de visitantes
Desde su concepción, el Gran Anillo fue pensado como la principal vía de tránsito peatonal del predio. Su función resulta estratégica: permite una circulación fluida y constante, evita cruces congestionados y acompaña el recorrido sin imponer jerarquías entre los espacios.
La estructura ofrece protección frente al viento, la lluvia y la radiación solar, un aspecto clave en una exposición que recibe visitantes durante seis meses consecutivos. La experiencia del público se apoya así en un entorno cómodo, continuo y climáticamente resguardado.

Más allá de su valor simbólico, el Gran Anillo cumple un rol operativo esencial en la logística del evento, combinando arquitectura, urbanismo y funcionalidad.
Tradición japonesa aplicada a gran escala
Uno de los aspectos más singulares del proyecto reside en su sistema constructivo. El Gran Anillo combina métodos modernos de ingeniería con técnicas tradicionales japonesas, en particular las juntas nuki, utilizadas desde hace siglos en la construcción de templos y santuarios.
Este sistema prescinde del uso de tornillos o clavos para unir las vigas. Las piezas verticales y horizontales se cruzan y encastran con precisión, formando un entramado resistente que se apoya en el conocimiento artesanal japonés.

La inspiración directa surge del Kiyomizudera, el Monasterio del Agua Pura, un templo budista ubicado en Kioto y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, célebre por su estructura de madera sin elementos metálicos visibles.
Refuerzos sísmicos y criterios contemporáneos
Si bien la lógica constructiva remite a técnicas ancestrales, el proyecto incorpora elementos metálicos de refuerzo en puntos estratégicos. Esta decisión responde a un criterio de seguridad estructural en un país con alta actividad sísmica.
De este modo, el Gran Anillo logra un equilibrio entre tradición y tecnología: conserva la esencia del sistema nuki, pero suma recursos contemporáneos que permiten cumplir con estándares actuales de resistencia y durabilidad.
Madera local, volumen inédito y mensaje ambiental
La construcción del Gran Anillo demandó 27.000 metros cúbicos de madera, un volumen sin precedentes para una estructura arquitectónica de estas características.
Del total utilizado, aproximadamente el 70% corresponde a especies autóctonas japonesas, principalmente cedro sugi y ciprés hinoki, mientras que el 30% restante se completa con pino silvestre importado.

El uso predominante de madera local refuerza el vínculo entre la obra y la industria forestal japonesa, además de funcionar como demostración concreta del potencial de la madera en proyectos de gran escala, tanto desde el punto de vista estructural como ambiental.
Arquitectura como experiencia urbana
Más allá de su condición de récord mundial, el Gran Anillo propone una experiencia espacial particular. Su escala, su ritmo constructivo y su materialidad generan un recorrido continuo que acompaña al visitante, con vistas abiertas al interior del predio y una percepción constante del entorno.
La madera, expuesta y protagonista, aporta calidez visual y sensorial, en contraste con la lógica más dura de las grandes infraestructuras feriales tradicionales.
Datos técnicos
El proyecto presenta dimensiones que explican su carácter monumental:
- Área de construcción: 61.035,55 m2.
- Diámetro interior: aprox. 615 metros.
- Diámetro exterior: aprox. 675 metros.
- Ancho: aprox. 30 metros.
- Altura: aprox. 12 metros en el interior y hasta 20 metros en el exterior.
- Volumen total de madera: 27.000 m³.
- Especies utilizadas: cedro japonés, ciprés japonés y pino silvestre.
El diseño general, el diseño final y la supervisión de obra quedaron a cargo de Sou Fujimoto, con participación de Tohata Arquitectos e Ingenieros y Azusa Sekkei Co., Ltd.
Un símbolo de la Expo y de una nueva forma de construir
El Gran Anillo se consolida como una de las imágenes icónicas de la Expo 2025 Osaka-Kansai. Su escala, su materialidad y su lógica constructiva lo convierten en una pieza que excede el evento y se proyecta como referencia internacional.

La obra plantea una reflexión concreta sobre el uso de la madera, la reinterpretación de técnicas tradicionales y la posibilidad de pensar infraestructuras masivas desde criterios más integrados entre arquitectura, ambiente y experiencia humana.