La construcción industrializada ocupa un lugar cada vez más visible dentro del debate inmobiliario y de la vivienda en Argentina. La necesidad de reducir plazos, ordenar costos y responder a demandas urgentes de infraestructura empuja a desarrolladores, inversores y empresas constructoras a evaluar sistemas alternativos a la obra tradicional. Esa discusión quedó expuesta en una nueva edición del streaming de Ladrillo.Info, con transmisión por Youtube y conducción de Federico Miqueo.
El encuentro reunió a Lucas Salvatore, fundador y director de IDERO, y a Alejo García Guevara, director de Nuevos Proyectos de Dypsa, dos referentes vinculados a la construcción modular e industrializada. A lo largo de la charla, ambos analizaron por qué estos sistemas ganan espacio, cuáles son sus ventajas reales y qué desafíos enfrenta el sector para escalar este tipo de soluciones.
Cambio en la lógica para edificar
Salvatore explicó que la industrialización de la construcción responde a un cambio profundo en la lógica de los proyectos. Según detalló, el sistema permite planificar de forma integral desde el inicio, con procesos definidos y menor margen para imprevistos. Esa previsibilidad, sostuvo, se vuelve clave en contextos donde el tiempo de ejecución condiciona la viabilidad económica de una obra.
Desde su mirada, uno de los principales diferenciales frente a la construcción tradicional reside en el control. La fabricación en planta posibilita estandarizar procesos, reducir desperdicios y asegurar niveles de calidad constantes.

A diferencia de la obra húmeda, donde cada etapa depende de múltiples variables externas, el sistema industrializado trabaja con cronogramas más ajustados y con menor exposición a demoras.
García Guevara coincidió en que la eficiencia aparece como uno de los motores centrales del crecimiento de este tipo de construcción. Explicó que muchos proyectos actuales requieren respuestas rápidas, tanto en vivienda como en infraestructura productiva. En ese escenario, los sistemas industrializados permiten acortar tiempos de entrega sin resignar funcionalidad ni calidad.
Demanda de rubros
Durante el intercambio, ambos señalaron que la demanda ya no proviene solo del sector residencial. El crecimiento de polos productivos, energéticos y logísticos genera necesidades habitacionales y operativas que no siempre encuentran respuesta en los métodos tradicionales. La posibilidad de montar estructuras en plazos breves se convierte en un factor decisivo al momento de definir inversiones.
Otro de los ejes del debate giró en torno a los costos. Salvatore explicó que la industrialización no siempre implica construir más barato, pero sí construir con mayor certidumbre. El presupuesto se define con mayor precisión desde el inicio, lo que reduce desvíos y renegociaciones posteriores. Para muchos inversores, esa previsibilidad pesa más que el costo inicial.

García Guevara agregó que la claridad financiera facilita la toma de decisiones. Al contar con plazos y valores más definidos, los proyectos logran una mejor articulación con esquemas de financiamiento, contratos y cronogramas de entrega. Esa lógica, sostuvo, resulta clave en desarrollos de escala y en obras que requieren coordinación entre múltiples actores.
Modular vs Tradicional, qué conviene
La conversación también abordó uno de los prejuicios más frecuentes en torno a la construcción industrializada: la supuesta menor calidad o durabilidad. Salvatore explicó que esa percepción responde a experiencias antiguas o a soluciones precarias que no representan el estado actual del sector. Según detalló, los sistemas actuales cumplen normativas exigentes y ofrecen prestaciones comparables, e incluso superiores, a la obra tradicional.
En esa línea, García Guevara destacó la evolución tecnológica de los materiales y de los procesos constructivos. Señaló que la industrialización no implica resignar diseño ni confort, y que hoy existe una amplia variedad de soluciones adaptables a distintos usos, escalas y contextos urbanos.
El impacto ambiental apareció como otro de los puntos centrales del intercambio. Ambos referentes coincidieron en que la industrialización permite reducir residuos, optimizar el uso de materiales y mejorar la eficiencia energética de las construcciones. La fabricación controlada en planta limita desperdicios y facilita una gestión más responsable de los recursos.
Salvatore explicó que, además, la planificación previa permite incorporar criterios de sustentabilidad desde el diseño. La orientación, la aislación y la elección de materiales se definen antes de iniciar la obra, lo que mejora el desempeño energético final del proyecto. Esa mirada integral, sostuvo, empieza a ser valorada tanto por desarrolladores como por usuarios finales.
García Guevara remarcó que otro beneficio relevante se vincula con el recurso humano. La menor dependencia de mano de obra intensiva en obra reduce riesgos operativos y permite enfrentar con mayor solidez la escasez de personal calificado. En zonas alejadas de los grandes centros urbanos, ese factor se vuelve determinante.
Ambos coincidieron en que la industrialización no busca reemplazar por completo a la construcción tradicional, sino complementarla. Existen proyectos y contextos donde la obra húmeda sigue siendo la mejor opción, pero también hay escenarios donde los sistemas industrializados ofrecen ventajas claras en términos de tiempos, control y eficiencia.
El debate también puso sobre la mesa el desafío cultural que enfrenta el sector. Salvatore explicó que muchos actores del mercado todavía operan bajo lógicas históricas y muestran resistencia al cambio. La adopción de nuevos sistemas requiere capacitación, adaptación de procesos y una mirada de largo plazo.

García Guevara agregó que la difusión de casos concretos resulta clave para acelerar ese cambio. A medida que se multiplican los proyectos ejecutados con éxito, crece la confianza y se amplía la aceptación del sistema. La experiencia acumulada, sostuvo, funciona como principal argumento frente a las dudas iniciales.
Del parque industrial a la obra: paneles, hormigón en seco y escala productiva
En otro tramo de la charla, Alejo García Guevara puso el foco en la localización productiva y contó la experiencia de Dypsa en el desarrollo de sistemas industrializados desde su planta en Moreno, donde fabrican componentes que luego se trasladan a obra. Explicó que ese esquema permite desacoplar gran parte del proceso constructivo del clima, la disponibilidad de mano de obra en el lugar y los tiempos imprevisibles de la obra tradicional, ganando precisión y continuidad productiva.
En ese sentido, detalló el uso de paneles y sistemas de hormigón en seco, una tecnología que permite montar estructuras completas con tiempos mucho más cortos que la obra húmeda convencional.
García Guevara remarcó que no se trata solo de velocidad, sino también de calidad controlada, ya que los elementos se producen en un entorno industrial, con tolerancias más ajustadas y menor margen de error. “La obra deja de ser un proceso artesanal y pasa a ser un ensamblaje”, sintetizó.

Salvatore sumó que este tipo de soluciones resulta especialmente eficiente en desarrollos donde la repetición y la escala juegan a favor, como barrios cerrados, conjuntos de vivienda o proyectos productivos. Señaló que el hormigón en seco y los paneles industrializados permiten planificar mejor el flujo financiero, reducir imprevistos y acortar el plazo entre inversión y entrega, un factor clave en un contexto donde el costo del tiempo pesa cada vez más.
Hacia el final del encuentro, ambos referentes coincidieron en que la construcción industrializada responde a una necesidad real del mercado. La presión por construir más rápido, con mayor previsibilidad y menor impacto ambiental empuja a repensar los métodos tradicionales y a incorporar soluciones más eficientes.
“El sistema industrializado se consolida porque ofrece respuestas concretas a problemas concretos del sector”, concluyó Salvatore.