El Chalecito de la Avenida 9 de Julio, una de las postales más singulares de Buenos Aires, salió a la venta. El conjunto completo —que incluye el chalet histórico y el edificio que lo sostiene— se ofrece en block por USD 8.000.000, en una operación inmobiliaria poco frecuente por escala, ubicación y valor simbólico. La propiedad se ubica a metros del Obelisco, con ingreso por Sarmiento 1113/1117, en el barrio de San Nicolás, y despierta interés por su potencial reconversión en un desarrollo premium.
La venta abarca 10.374 metros cuadrados totales, con 7.820 m2 rentables, distribuidos en nueve pisos de oficinas, planta baja comercial, subsuelo con cocheras y una azotea que corona el edificio con el famoso chalet de impronta marplatense.

Más que una transacción inmobiliaria, se trata de un activo patrimonial con historia, identidad y una ubicación irrepetible dentro del tejido urbano porteño.
Una casa suspendida sobre la ciudad
Desde la vereda, entre colectivos y bocinas, la escena resulta inesperada: un chalet con tejas francesas, ventanas en arco y estilo normando se eleva sobre la traza más ancha de la ciudad. No se trata de una réplica ni de un gesto escenográfico. Es el Chalet Díaz, construido en 1927, nueve años antes de la inauguración del Obelisco.
Rafael Díaz, inmigrante español llegado desde Valencia a comienzos del siglo XX, fue el impulsor del proyecto. Tras iniciar su actividad comercial en el barrio de Once, desarrolló la Mueblería Díaz, que ocupó todo el edificio de Sarmiento. Cada piso funcionó como showroom temático, con una propuesta innovadora para la época: venta por catálogo y financiación, con alcance nacional.

El chalet nunca tuvo uso residencial permanente. Cumplió una función práctica y simbólica: un espacio de descanso y almuerzo durante la jornada laboral, inspirado en el vínculo de su dueño con Mar del Plata. Un refugio urbano que quedó suspendido en el tiempo.
Arquitectura, materiales y vistas únicas
El chalecito cuenta con 200 m2 cubiertos y una terraza de 245 m2. Conserva materiales originales, pisos de época, carpinterías, puertas, ventanas y mobiliario histórico. El estilo normando define su silueta, con techo a dos aguas, fuerte pendiente y bow windows que refuerzan su identidad.

En el interior, arañas de principios del siglo XX y detalles constructivos originales remiten a otra Buenos Aires. El altillo, accesible por una escalera angosta, permite observar la estructura de hierro que sostiene las tejas francesas y ofrece una vista directa al Obelisco. El horizonte incluye el Palacio Barolo, el Congreso y el entramado completo del centro porteño.
Cuna de la radiofonía argentina
El valor del inmueble no se limita a su arquitectura. El edificio ocupa un lugar central en la historia de la comunicación en Argentina. Rafael Díaz utilizó la altura del chalet para instalar cartelería visible desde distintos puntos de la ciudad, una estrategia publicitaria avanzada para su tiempo, registrada incluso por la revista LIFE.

En ese contexto nació LOK Radio Mueblería Díaz, emisora que luego dio origen a Radio Rivadavia, uno de los grandes nombres de la radiofonía nacional. Esa herencia convirtió al conjunto en un hito cultural, declarado Bien Integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires en 2014, dentro de la categoría Sitios o Lugares Históricos.
Cualquier intervención futura requiere el aval de las autoridades culturales, un marco que protege su identidad y condiciona los proyectos posibles.
El edificio y su potencial de reconversión
La venta incluye el edificio completo. Son nueve pisos con plantas de aproximadamente 800 m2, organizadas en semipisos de frente y contrafrente. Cuenta con tres ascensores, grupo electrógeno, planta baja con local comercial y subsuelo con cocheras. El estado general varía entre muy bueno y regular, según las plantas.

El arquitecto Jorge Bustos, a cargo de un proyecto de recuperación realizado hace cuatro años, señaló que el inmueble admite múltiples esquemas de uso: oficinas, espacios de trabajo compartidos, áreas educativas, salas de reuniones y propuestas culturales. Las plantas libres facilitan la adaptación a normativas actuales de accesibilidad, seguridad contra incendios y eficiencia energética.
La incorporación de tecnología permitiría mejorar aislación térmica y acústica, ventilación, iluminación natural y áreas verdes, un punto clave en la demanda posterior a la pandemia.
Interés del mercado y usos posibles
La comercialización está a cargo de Coldwell Banker SER, con Sergio Esteban Romaniuk al frente de la operación. Desde la firma destacan la ubicación estratégica del activo y su carácter único dentro del mercado inmobiliario porteño.

Se trata de una operación excepcional dentro del mercado porteño. Romaniuk señaló que no es habitual que un ícono urbano de estas características salga a la venta junto con el edificio completo, lo que le otorga una escala y un potencial poco frecuentes.
Según explicó, «la combinación de valor patrimonial, ubicación estratégica y volumen construido despierta interés tanto en inversores institucionales como en desarrolladores que buscan proyectos con identidad y visibilidad en el corazón de la Ciudad».

Entre los destinos posibles aparecen sedes corporativas, proyectos educativos, universidades, desarrollos culturales o esquemas mixtos que integren oficinas, marca y gastronomía. Gabriela Papaianni, del área de captación de Coldwell Banker SER, subrayó el potencial del chalecito como espacio gastronómico o cultural, con impacto urbano a metros del Obelisco.
La terraza que rodea al chalet conserva la estructura original y ofrece vistas abiertas del entorno urbano, con el cielo y los edificios del centro como telón de fondo. «También surgió interés de instituciones educativas y propuestas culturales que buscan un espacio con identidad», acotó Papaianni.

Por valor y características, la propiedad se ubica entre las más cotizadas actualmente en la Ciudad de Buenos Aires, solo superada por algunos desarrollos puntuales en Puerto Madero, Palermo, Retiro, Belgrano o Núñez.
Historia viva, futuro abierto
Tras la muerte de Rafael Díaz en 1968, el edificio inició una nueva etapa. Desde los años 80, distintos pisos alojaron empresas como Editorial Perfil, Laboratorios Roemmers y PricewaterhouseCoopers. El chalet tuvo usos diversos, desde estudio fotográfico hasta comedor de oficinas, sin perder su carácter.

Diego Sethson Díaz, bisnieto del fundador, señaló que el mayor valor del inmueble reside en sostener su historia en el tiempo. “Lo ideal es que el proyecto respete su identidad, aunque lo más probable es que los inversores apunten a un desarrollo comercial”, afirmó.
El chalecito aún conserva objetos personales y mobiliario de época. Permanecen las arañas originales, las escaleras y los pisos de cerámica del primer nivel y el altillo. Un testimonio tangible de una Buenos Aires que creció hacia arriba sin borrar del todo su pasado.
(*) Con fotos de: Coldwell Banker SER y @gabocosta IG, Gabriel Costa