En una de las calles más elegantes, aristocráticas y silenciosas de Retiro, sobre Arroyo al 800, se levanta desde hace más de nueve décadas una de las piezas más reconocidas del racionalismo porteño. El edificio Minner se distingue por su fachada sobria, sus balcones curvos y una resolución urbana que lo convirtió en referencia dentro del paisaje arquitectónico de Buenos Aires.
Proyectado por el arquitecto húngaro Jorge Kálnay y habilitado en 1935, el inmueble está protegido por Patrimonio de la Ciudad. Su localización, frente al Palacio Estrugamou y dentro de un corredor urbano de alto valor arquitectónico, sostiene su vigencia tanto desde el punto de vista cultural como inmobiliario.
Kálnay (1884–1957), formado en Hungría y radicado en la Argentina desde comienzos del siglo XX, fue una figura central en la consolidación del racionalismo local, junto con su hermano Andrés. Tras una primera etapa influida por el Art Decó, se convirtió en uno de los impulsores del movimiento moderno junto a referentes como Alberto Prebisch, Antonio Vilar y Wladimiro Acosta.

Entre sus obras más emblemáticas se destacan el edificio del Diario Crítica, el Cine Broadway, el Mercado de Larrea y Lavalle, el Estadio Luna Park, la Maison Garay y el edificio Barrancas, todas piezas que marcaron un quiebre en la manera de proyectar arquitectura urbana en Buenos Aires.
Cómo es el Minner
El Minner fue concebido como vivienda de renta y se implanta sobre un terreno irregular con frente a tres calles. Cuenta con planta baja con local comercial, sótano y diez pisos con tres departamentos por nivel. Desde su origen se destacó por la calidad de ejecución y por soluciones técnicas avanzadas para su tiempo.

Muros dobles, carpinterías corredizas embutidas, losas aisladas con capas de corcho y un cuidado extremo en los detalles reflejan tanto la exigencia del comitente, Alfredo Minner, como el rigor profesional del arquitecto. Esa calidad constructiva explica, en parte, el buen estado de conservación del edificio.

La singularidad del Minner se concentra en su fachada y, especialmente, en los balcones curvos que recorren la ochava de Arroyo y Juncal.
Esa decisión proyectual establece un diálogo directo con su entorno inmediato: el academicismo francés del Palacio Estrugamou y un edificio Art Déco de Francesco Gianotti completan una de las esquinas más reconocibles del barrio.
Legado
Para Joaquín Manuel Castro, creador de Buenos Aires al Paso en redes sociales, el Minner puede leerse como uno de los máximos exponentes del racionalismo en Retiro. Destaca la resolución curva de la esquina, la fachada despojada y el modo en que el edificio entiende la ochava como un espacio activo, capaz de mejorar la entrada de luz y ampliar las visuales.

Desde el punto de vista funcional, el núcleo vertical se ubica en el centro del edificio, con una escalera curva iluminada naturalmente y tres ascensores.
Esta organización libera las fachadas, favorece la ventilación cruzada y jerarquiza los espacios comunes, criterios que hoy siguen siendo centrales en la vivienda colectiva.

Cada piso repite una planta tipo con tres departamentos, todos con balcón. Los del sector B, ubicados en la esquina, son los más emblemáticos por sus balcones semicirculares continuos. Los sectores A y C, sobre Esmeralda y Juncal, cuentan con balcones rectos y de dimensiones generosas.
Palabras de los vecinos
Alfredo Miguel Schmidt, vecino histórico del edificio, recordó que su familia llegó al Minner en 1971, cuando el entorno edilicio era mucho más bajo. Señaló que desde los departamentos de la esquina se alcanzaban vistas abiertas hacia el río y destacó la luminosidad y la amplitud de los ambientes, rasgos que, según explicó, siguen marcando una diferencia clara frente a construcciones posteriores.

Schmidt también subrayó la impronta del comitente original en la calidad del edificio. Mencionó soluciones poco habituales para la época, como losas aisladas de vibraciones y carpinterías cuidadosamente integradas a los muros, lo que permitió que algunas unidades conservaran durante décadas cocinas y baños originales.
Desde una mirada urbana más amplia, Jorge Lapeña explicó que el Minner forma parte de un corredor arquitectónico de altísima jerarquía que recorre la calle Esmeralda entre Santa Fe y Juncal y continúa por Arroyo hasta Libertad. En ese tramo conviven edificios emblemáticos de distintos estilos y autores, lo que convierte al sector en un verdadero muestrario de la arquitectura porteña del siglo XX.

Lapeña agregó que el valor del inmueble excede su condición de pieza singular y lo proyecta como objeto de estudio. El edificio forma parte de recorridos guiados y es visitado con frecuencia por estudiantes de arquitectura, que analizan sus resoluciones técnicas, la calidad de los materiales y la manera en que el racionalismo se inserta en un entorno dominado por lenguajes previos.
Enfoque inmobiliario
Desde el mercado inmobiliario, Lucas Norman, de Re/Max Uno, señaló que las unidades del Minner se encuentran entre las más buscadas del segmento patrimonial de CABA. El interés, explicó, responde a la combinación de ubicación, historia, diseño y calidad constructiva.

Actualmente, una unidad de tres ambientes ubicada en un sexto piso, con una superficie total de 115,56 m2, se ofrece a USD 335.000, con expensas mensuales cercanas a los $400.000. Los valores de alquiler rondan los $1.200.000.

Otra propiedad en venta es un departamento de dos ambientes de 73 m2, conocido como “El Refugio Minner”, ubicado en uno de los últimos pisos del edificio. La unidad fue recientemente refaccionada y se ofrece a USD 390.000. Por su escala, su ubicación y sus visuales abiertas, es presentada en el mercado como un pied-à-terre de alto valor patrimonial.

Sobre este tipo de unidades, Eleonora Molina, titular de Eleonora Molina Propiedades, señaló que el atractivo del Minner no está solo en su valor inmobiliario, sino en la posibilidad de habitar un edificio que mantiene intacta su lógica original. Indicó que las refacciones más valoradas son aquellas que respetan los detalles técnicos y materiales del proyecto original, integrándolos a las necesidades actuales sin alterar su identidad.
Como cierre, tanto vecinos como especialistas del sector inmobiliario coinciden en que el edificio Minner sigue siendo un caso excepcional dentro del tejido urbano porteño.

Para Schmidt, vivir allí es habitar un edificio que fue pensado con una lógica que hoy resulta difícil de encontrar. Para Lapeña, se trata de una obra que sigue enseñando, no solo por su forma, sino por la claridad de sus decisiones proyectuales. Dos miradas que, desde la experiencia y el análisis, confirman que el valor del Minner excede largamente el paso del tiempo.